Estepona volvió a demostrar ayer que San Isidro Labrador es la fiesta con más arraigo dentro del municipio. Los lugareños se vuelcan con la celebración de su fiesta patronal (declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía) al mismo tiempo que recuerdan su pasado agrícola y ganadero.
Muchos vecinos se esforzaban en engalanar desde primera hora de la mañana sus balcones y en poner a punto los tradicionales 'chozos' (altares donde se ofrece al santo los aperos de labranza y los productos del campo). «Llevamos todo el año preparando esta fiesta; es un día muy significativo para el municipio donde donde todos los vecinos nos convertimos en una gran familia», dijo Juanita Infante, vecina de la localidad.
La calle Casares se convierte en centro neurálgico de este celebración, aunque no es la única. Sus balcones están adornados con mantillas y coberturas que embellecen la fiesta. En las aceras se colocan floridas macetas y el asfalto se llena de helecho para impregnar la ciudad con olor a campo. La sopa campera es una de las protagonistas de la jornada. Alberto Casado lleva décadas preparando este plato típico del municipio elaborado a base de pan y verduras del campo. «El secreto para hacer la sopa campera está en elegir los productos y que sean frescos y de nuestra tierra; nada de comprarlos en supermercados», confesó.
Uno de los lugares preferidos por los lugareños y visitantes para saborear este plato es el chozo instalado por la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer. Miles de vecinos pasaron ayer por este lugar para degustar los platos que los voluntarios de esta asociación elaboraron durante todo el día para recaudar fondos para sus proyectos.
Muchos de los visitantes son agasajados de forma gratuita con este plato en muchas de las barras que hay instaladas a lo largo de todo el casco antiguo. «Es la segunda vez que venimos a esta fiesta. El primer año nos quedamos sorprendidos con cómo se vuelcan los vecinos en este evento», manifestó un matrimonio, que se fotografiaba junto a uno de los chozos ubicados en la avenida San Lorenzo.
Por la tarde, la procesión es el momento más esperado por los fieles. En el desfile que acompaña al santo patrón se congrega una multitud de paisanos, muchos de ellos vestidos con los trajes típicos de la tierra. Las calles se convierten en verdaderos caminos rurales llenos de ramas de árboles por el suelo. Varias carretas acompañan al santo patrón en su recorrido. Con el santo en su parroquia, la celebración llega a su fin. Un año más, la fiesta y la devoción a San Isidro conviven en perfecta armonía.
Fuente: diariosur.es