Por encima del título copero del Barcelona Borges, más allá del impresionante papel del Reale Ademar y sobrepasando las genialidades de Iker Romero, el 'diez' en esta Copa del Rey se lo lleva, sin duda, la afición al balonmano de Antequera.
Para el club y para la ciudad, esta cita significaba una prueba de fuego, un examen para ver si ese alumno aventajado del que tan bien han hablado respondía a las expectativas. Y es que la Liga Asobal necesitaba un golpe de efecto de cara al exterior. Necesitaba un éxito organizativo y un respaldo masivo del público. «¿Y qué mejor sitio que Antequera?», debieron pensar.
En efecto. La organización del evento ha rozado la perfección durante la semana y, para colmo, el Pabellón Fernando Argüelles ha registrado llenos absolutos todos los días de la competición, lo que ha maravillado a todo el que ha pasado por el recinto.
El presidente de la Asobal, Javier Zubiarrain, no cabía en sí de gozo durante las semifinales: «Este respaldo es lo mejor que nos puede pasar. Antequera ha cumplido con nota. Es genial ver este ambientazo en las gradas». Entre los locales, el concejal de Deportes, Manuel Chicón, estaba exultante tras la final: «Nos merecíamos algo así, ahora respiro tranquilo porque hemos realizado un gran trabajo».
Entre los trabajadores de la organización, todo era satisfacción. La seguridad estuvo en su sitio en todo momento; las entradas, muy controladas; a la prensa nunca le faltó un botella de agua; las estadísticas fueron rápidas, y en el palco no cabía un alfiler. Tanto es así que durante las semifinales y la final hubo autoridades que se tuvieron que quedar fueron porque la zona de privilegio se quedó pequeña.
Con las retransmisiones de televisión, España entera ha comprobado la magia del balonmano en Antequera. Y eso que el equipo organizador cayó a las primeras de cambio. Ya el sábado, el pabellón se llenó hasta la bandera y ayer fue el Fernando Argüelles de las grandes citas. El público comenzó dividido, dadas las muchas peñas del Barcelona que existen en la provincia, pero, poco a poco, se inclinó hacia el más débil. Tanto que, en los minutos finales, parecía que jugaba el Antequera.
Mezcla de aficiones
No sólo el público local abarrotó las gradas. La Copa del Rey consiguió movilizar a las aficiones del resto de clubes participantes. Especialmente ruidosas se mostraron las del Reale Ademar y el Ciudad Real en semifinales. El Fondo norte del pabellón fue tomado por los valientes que se desplazaron desde Barcelona y, esparcidos, entre las camisetas verdes también se pudieron ver aficionados del País Vasco y de Navarra que viajaron para animar al Reyno.
«Soy de Peñarroya, en Córdoba, y me he venido con la familia para vivir este espectáculo», señalaba ayer un aficionado en la grada. Desde el club también se hace un balance muy positivo: «Ya iba todo bien, pero esta final nos ha superado a todos. No recuerdo una prórroga en este tipo de partidos y la verdad es que ha salido todo genial», explicaba el presidente del Antequera, Juan Carlos Jiménez.
Fuente: diariosur.es